Admiro tanto a las parejas que aparentemente no se engañan
(ni él tiene oculta una querida
ni ella sueña con el de ojos claros)
que llegan a viejos de acuerdo totalmente
y sin importar cuál de los dos hable
la misma frase se anticipa.
Se miran apenas, como equipo
y se defienden del agresivo mundo
y de los hijos,
cuyos recuerdos complementan en su mutua amnesia
y en su calmado vocabulario compartido.
Ya dije:
Aunque no los envidio, ¡Los admiro!
Para mí es proeza de titanes
totalmente fuera de mi alcance
ajena resignación a mi incapacidad e independencia
Como es natural, buscar pareja fue de tiempo completo tantos años
Tantos ensayos
Tantos candidatos...
Pues veían en mí algo distinto
(Y sí que era diferente: ¡Bicho raro!)
Los tantos torpes encuentros llevan al doctor Quintero
- Hermoso sí, pero celoso y fiero -
rey Midas omnipotente
del archipiélago soberano
primera noticia de bulling y maltrato.
Por otros rumbos, tampoco con otro nombre magnánimo
siquiera los cuantos meses se hubiesen superado
Por mucho esfuerzo y control que en juego hubiera pagado
¿Qué tal el monje Doshu
con mitómano kyosaku?
¿Qué tal el doctor Pachón
enredada sumisión
por la alcurnia y abolengo?
¿O aquel Zasha paternal
con su facha de fanchullo
léxico de gigoló nublado?
¿O acaso hubiese acertado en la defensa del pobre?
¿O en científicas esferas?
¿O siguiendo al fanático misionero?
¿O al que vendía hierba azucarada, disfrazado de shamán?
-pero él quiso hacerse citadino- y se vendió a los marcianos.
¿O con el rústico del cacao
que se sintió menos que yo por la falta de diplomas?
¿O tal vez con el de ojos verdes
que olvidada me dejó por amar la Madre Patria?
Nunca quejarse de la vida...
Que como están las cosas
¡Están muy bien sin duda!