-que si no fuera geóloga llamaría "micrítica"- me llamo entonces "micrónica"
en un infinito multiverso de gigantez.
El minisensor más potente y apreciado, saltando
en una sola de las diez mil frecuencias, y las diez mil dimensiones
nadando sobre el espectro de la música clásica
que me abraza y me estruja -otra frecuencia más allá de todo-
exigua camarita valiosa
(¡quién lo diría! hasta hoy, no lo sabía...)


