en el intervalo de la hamaca
me abraza la melancolía
Y ya todo se me olvida.
Me convierto en un triste Segismundo
Atisbando nublado tras barrotes.
Perfectamente informado, y sin embargo,
Desdichado.
Grita el prisionero: ¡Soy el príncipe!
¡Sáquenme de aquí!
Mi noble cuna garantiza la abundancia y el respeto.
Quiero al palacio regresar.
¡Yo sé quién soy!
Nadie más lo sabe... Esa es mi desgracia.
Tengo los controles,
que no sé manejar.
Oprimo un botón que dice "Exit"
¡Nada pasa!
Se ríe el ratón que me acompaña
en la penumbra de la piedra milenaria
cediendo al muzgo que invade mi cobijo.
Enciendo el "Escape", seguido de silencio.
El Universo entero en su vacío, muy contento
silencio más silencio suma
Ni pone atención a mis querellas
desde adentro cerrando sus oídos.
Conservando la calma, temblorosa
en las lecciones me aplico, despacito,
Se empieza por aquí... Termina allá el violeta...
Medito en astrales túneles
Pergamino sagrado en el índice
Mi búsqueda selecta aplico
"¡Enter!".
¡Visualizo! El Campo cuántico se ríe
de la torpeza humana resumida
en quien no acepta la prisión
ni regalos de plástico, ni espumas.
De energía arde mi frente
y mi maestro atento sigue mis esfuerzos.
Demasiada inmovilidad la de este mundo
secuestra para siempre mi contento.

