En un año que no soñé vivir, tras Noche
Oscura de dos lustros
En medio de un jardín encantado, desnuda de libros, me miré.
Alienígena sexagenaria sin palabras
Ojos desencantados ¿Qué es esto? ¿A
dónde va?
Desconfianza sin respuestas, de ignorantes
sabios, monjes, druidas.
De creencias ajadas, sin milagros ni
señales.
¡Inesperada translación terráquea!
Nebulosa multicolor desciende sin
aviso
En algarabía de luces frías y calientes, que hablan mil idiomas simultáneos.
De sopetón, obedeciendo a alguien
En lo oscuro, con la escarcha que el
rocío de mis ruegos congelaba
Las estrellas se ordenaron para
hablares trascendentes
Duchando mi cerebro, limpiando mis
angustias con sus voces de Aleluya.
Merlín el Mago, o talvez otro,
Disfrazado de multiverso y de púlsar
desbocado
Vertía gota a gota el fundido oro...
El líquido incienso y la volátil mirra
en mi mochila.
A andrógina princesa futurista me
tornaron
Corona para la coronilla, Lente de visión remota
Parlante en la garganta y Despertador
de corazón dormido
Para explosión intensa de plexo agradecido
Que entrega al mensajero mi respuesta:
“Escucho.
Cambio y adelante.
Recibida la misiva, Señor.
¡Aquí ya despertó tu amante!”