me siento sola.
No me tomó aislada la cuarentena obligatoria
¡No! Estoy acompañada.
Mejor dicho, a cargo.
¡A disposición! -sería más exacto-.
Aquí encerradas, hablar y contestar es mi labor.
Describir elementalmente mis acciones en detalle.
Y comprender que mis palabras vuelan
muy espaciadas...
-más como ruido, que de tiempo en tiempo
me solicitan ásperamente que silencie-,
porque son cascada sin sentido, que incomoda la negrura...
Cuando algo me disgusta en las noticias,
si algo me indigna o rechazo...
¡Discuto con el mundo!
Explico y analizo.
Me defiendo con grandes argumentos...
para terminar descubriendo la respuesta que suscito:
"¡A mí ya me está dando hambre!"
Y está bien. Corto mi tema
entendiendo que ojos que no enfocan otros ojos
no establecen conexión.
Ese instantáneo dialogar en papadeo...
ese mensaje claro en un chispazo precediendo las palabras...
ese simpatizar al detenerse en la pupila
para zambullirse un instante en otra alma
para zambullirse un instante en otra alma
¡Nunca más se podrá dar!
Por eso, a veces,
me siento sola.

