Noble tarea de alimentar las aves
tengo el encargo visitante
en mi precioso templo sabanero
Qué algarabia de polluelos
hambrientos a morir
Muy amarillos
compitiendo con los negrisimos negros
y sus copias pequeñitas...
Participan también los adoptivos tordos
que a sus madres suplican en vibrante aleteo
Chillido supersonico
que las chiquitas copetonas no alcanzan a suplir
"¿A qué horas crié un polluelo tan gigante?" -Se pregunta-.
Casi desfallece orgullosa
y de un lado a otro sigue,
inocente trabajando y amorosa la suplente.
Yo, Cristal,
mientras disfruto de tanto movimiento
espanto a las torcazas - no autorizadas-
mediante un leve movimiento de mi brazo
que solamente ellas ven como amenaza.
Bolate agitado que el jardín completo ocupa
empeorado al agotarse la merienda
con el estallar de plumas grises-blancas
de combate
en el crescendo ataque de palomas
Furiosas. Resentidas.
Que azotan arcas vacías
y comederos repletos de cáscaras
sin vida
Poco a poco
Paulatino
Se silencia el restaurante.
Ruidosos jets despegan
a las acacias del borde del invernadero
y a los juncos del humedal
tornando al nido.
Yo recojo descalza, mis aperos
Soplo los restos de semillas
Limpio las pajareras
Y me pierdo en las flores revisando
segunda amable etapa de rutina
¡Certeza de supervivencia!
