lunes, 5 de diciembre de 2016

San Andrés Farewell


Calispso que nocturno vuela
Lejana arena translúcida
Espuma oscura compitiendo
Boda de bongós cantaba:
"A mi pequeña tengo que dejar...
en Kingston Town"

Aferrada a la mano adorada
Flechada en ese mismo día, sin remedio...
del marinero exitoso, promesa árabe danzante:
"El jueves nos veremos vida mía. Tengo que viajar mañana"

"¡Quédate conmigo!" Suplicaba la sardina cerca al llanto.

Confiado el triunfador reía...
¡Sherezada esperaría mil años!

Conquista cálida, rasgados ojos
más veían un padre fuerte
que el compañero complejo que en la vida
por callejones insospechados, de la sombría faz de los humanos
habría de enseñarle a golpes los recodos,
disfrutando de la niña tantos miedos.

Pues no fue protector. Ni consejero,
a pesar de la distancia que los años separaban.
¡A pesar de su devoción rendida!
Nunca tuvo piedad por la inocencia
ni por el ser que de todo se asombraba.

Solo hubo en su alma una atracción incierta
por lo diferente que ella le ostentaba:
Cristal caminaba sin pisar el suelo
contando hadas, inciensos, versos.

¡Agua y aceite cada día!
Silencio y radio.
Paisaje y urbe.
¡Ingenua sagacidad!
Romance y negocio persiguiendo la fortuna.
¿Cómo podrían continuar viviendo?

Brisa rumbera
Vibrato vallenato por los hombros
Multitud circulando a media noche
caliente ron en las sonrisas.

Nena con encontrados sentimientos
Isla fantástica de magia,
sintiose dueña del mundo...
Temeroso ingreso semi adulto
sin saberlo
Futuro sin nacer ¡Se derrumbaba!